miércoles 24 de febrero de 2010

'Cuentos de lo inesperado', de Roald Dahl.

Hoy estoy más mala que los perros y tengo la ligera sospecha de que estoy incubando algo malo (por cierto, siempre me ha parecido horrible la expresión 'estar incubando algo', cualquiera diría que se está incubando un alien, por cómo suena). Pero si hay algo que estoy, aparte de más mala que los perros, es decidida a escribir hoy la primera reseña del blog. En parte porque no hay ninguna y ya toca; en parte porque quiero estrenar el botón maravilloso de Reseñas que estará colocada a vuestra derecha poco después de que publique esta entrada y que no hice yo sino una persona con mucho más talento, Mallister.

Así es que hoy, aprovechando que el termómetro hace horas extra, os confesaré lo que me gusta hacer cuando estoy incubando aliens: me gusta leer cuentos y relatos cortos. Las novelas suelen requerir de mí una cantidad de energía que los relatos no precisan, ni siquiera aquellos que pueden considerarse grandes piezas literarias y que nadie debería menospreciar. Así pues, la reseña de hoy es un libro de cuentos recopilados.

 


Título:  Relatos de lo inesperado.

Título original: Tales of the Unexpected.

Autor: Roald Dahl

Editorial: Anagrama

320 páginas

ISBN: 8433920863






Todos conocéis a Roald Dahl. Algunos no sabéis que lo conocéis, pero todos habéis leído algo suyo. Entre sus obras más famosas están 'Charlie y la fábrica de chocolate', 'Matilda', 'James y el melocotón gigante' y 'Las Brujas', entre otras que han cautivado las mentes de niños y mayores durante décadas. Pero aparte de ser un novelista imaginativo y polifacético, Roald Dahl escribía unos cuentos magníficos, algunos de los cuales, dieciséis, para ser exactos, podéis encontrar en este recopilatorio, los 'Relatos de lo inesperado'.


Y desde luego, dudo que haya otra forma mejor de definirlos que como inesperados. Encontraréis unos cuentos llenos de sorpresas y con giros que os harán reir, releer y, en más de una ocasión, que os dejarán espantados. El señor Dahl es un efectista que puede conseguir la reacción del lector con una sola frase después de construir su atmósfera concienzudamente a lo largo de la historia. Lo mejor, sin duda, es que construye estas sensaciones y situaciones complejas con el mínimo esfuerzo por nuestra parte, que leemos una prosa fluída y sencilla, que engancha desde el principio y da el golpe de gracia sin demorarse. Muchos de estos relatos fueron llevados a la pantalla por el maestro del suspense, Alfred Hitchcock, dato que dejo caer para que os hagáis una idea del calibre de algunos de estos maravillosos cuentos.

Cuando los leáis, si los leéis, notaréis que hay ciertos temas recurrentes, como por ejemplo la mujer sumisa que un día hace algo completamente descabellado (y a veces escalofriante) o las apuestas absurdas que terminan de forma inquietante. Pero a pesar de ello las historias nunca cansan ni se hacen predecibles: Todo lo contrario. Cada cuento os sorprenderá de una forma única y nueva, y admitámoslo, hoy en día es difícil encontrar algo así. Todas estas piezas de extraordinaria literatura pueden  ser adquiridas a día de hoy por el módico precio de 8,50 euros. Y para que abráis boca y se os despierte el interés, os dejo la sinopsis de algunos de los cuentos incluídos en el volumen:

Gastrónomos 
Un rico burgués invita a un reconocido catador de vinos a comer. A la llegada del vino, el invitado apuesta, arrogante, a que es capaz de adivinar la procedencia y el año exacto del vino que acompaña las viandas. Tan seguro está el anfitrión de la exclusividad de la botella que no le importa apostar la mano de su hija ante la escandalizada mirada de su esposa y la perplejidad de los restantes invitados que observan expectantes la parsimoniosa y profesional cata por parte del experto que, seguro también de sí mismo, apuesta toda su hacienda en el reto. 


Tatuaje
Un pordiosero entra en una galería de arte donde expone su obra  un cotizadísimo artista que antaño fuera  su amigo íntimo. Recuerda cuando años atras y bajo los efluvios del alcohol, el pintor tatuó su espalda con la figura de la mujer que ambos amaban. El amor por la modelo y el talento del pintor gestaron una primorosa obra. Enterado el público asistente a la exposición de la maravilla que portaba el mendigo impresa en su piel, comienzan las tentadoras ofertas para que la venda. El problema es cómo hacerlo.


El hombre del sur
En un hotel de Jamaica los turistas disfrutan del clima y de la piscina del establecimiento. Entre ellos se encuentra un extraño personaje que, ante la afirmación de un joven acerca de la infalibilidad de su mechero de gasolina, le propone una apuesta: Un Cadillac contra el dedo meñique del muchacho si el encendedor de este último puede dar llama diez veces seguidas, en el primer intento, en una habitación cerrada. Ante el asombro de los presentes por lo inusitado de la prenda exigida por el hombre, el joven acepta la apuesta.


La patrona
Un joven, con motivo de un viaje de trabajo, llega a un pequeño pueblo donde debe pasar la noche. Una acogedora pensión llama su atención y llama al timbre. La patrona lo recibe solícita, pero pese a la aparente amabilidad que muestra, el muchacho detecta un leve matiz de locura al que no da importancia. Cuando firma el libro de registros observa que los últimos apellidos que allí figuran le resultan sumamente familiares. ¿Dónde ha escuhado antes aquellos apellidos? Mientras se devana los sesos tratando de recordar,  la patrona sirve un té con cierto sabor a almendras amargas.


Os recomiendo encarecidamente que os hagáis con estos cuentos que, puedo aseguraros, no os decepcionarán. Yo por mi parte me voy a la cama, a ver si mato al alien a base de zumos de naranja y cuentos de Roald Dahl.






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viernes 19 de febrero de 2010

Las hermanas Brontë




 Cuando el irlandés Patrick Brunty y Maria Branwell se prometieron mucha gente dudaba del éxito del matrimonio, pero lo cierto es que fueron un matrimonio bien avenido; el joven Patrick era un reverendo muy admirado y Maria una mujer de una inteligencia aguda. Patrick, que consideraba que su apellido era poco elegante, decidió cambiarlo por otro que, si bien sonaba igual, se escribía muy distinto. Patrick Brunty se convirtió, al menos sobre el papel, en el reverendo Brontë. El matrimonio fue breve debido a la prematura muerte de Maria, pero antes tuvieron cinco hijas y un hijo; la menor tenía apenas dos años cuando Maria murió.

La hermana de la difunta se mudó a su casa para hacerse cargo de lo que claramente eran demasiados hijos para que un padre del siglo XIX de clase media se ocupara solo. Los seis hijos de Patrick y Maria, mucha gente notaba con curiosidad, se parecían o bien a la madre, o bien al padre o eran una mezcla de ambos, pero entre ellos eran todos muy distintos. Había ojos verdes, ojos marrones, ojos azules, mandíbulas fuertes, mejillas pálidas, miradas dulces, cabello rojizo, cabello moreno y casi toda clase de combinaciones entre la sangre inglesa y la irlandesa. Pero no importaba demasiado. Maria, Elizabeth, Charlotte, Branwell, Emily Jane y Anne, los seis eran una piña, especialmente tras la muerte de su madre. Todos ellos eran niños despiertos y con una inteligencia por encima de lo habitual y con un talento especial para las letras. De entre todos la mayor, Maria, era la más brillante.

Sabiendo de la particular agudeza de su prole, Patrick no deseaba descuidar la educación de sus hijos. Branwell, el único varón, podía educarse en casa, pero las niñas necesitaban un tipo de educación que él no podía ofrecerles, así que Maria, Elizabeth, Charlotte y Emily fueron enviadas a una escuela interna. Anne, todavía muy joven, se quedó en Haworth, la residencia familiar, junto con su padre, su hermano y su tía.

Por desgracia el colegio, poco higiénico y pobre en todos los sentidos, se vio sacudido por una plaga de tuberculosis. Maria enfermó y Elizabeth con ella. No se avisó al reverendo Brontë hasta que fue demasiado tarde. Maria fue enviada a Haworth apenas a tiempo para morir en su hogar; poco después la siguió Elizabeth.

Patrick Brontë mandó buscar a Charlotte y Emily de inmediato y decidió que las educaría en casa; una educación tradicional (típicamente masculina) tendría que bastar. No quería arriesgarse a perder a ninguno más de sus hijos, de los que ya tan sólo tenía cuatro: Charlotte, bajita y delgada, maternal y reponsable; Branwell, talentoso y despreocupado, de espaldas anchas y rizos rojos; Emily, la más alta de los cuatro, morena y callada; y la pequeña Anne, delgada y dulce, de un castaño casi rubio. Durante los siguientes siete años ninguno salió de casa excepto para pasear por el páramo que rodeaba la mansión, cuyo jardín trasero era un cementerio.

Los cuatro hermanos se cerraron aún más sobre sí mismos tras perder a sus dos hermanas mayores. No tenían contacto con más niños de su edad ni iban al colegio, por lo que toda su sociedad eran ellos mismos. La casa contaba con una biblioteca de proporciones titánicas y a los cuatro se les permitía accesso a todos y cada uno de los libros sin censuras ni excepciones. Leían de forma ávida y se hicieron auténticos seguidores de los periódicos locales; a la hora de comer los cuatro niños hablaban con su padre de economía, política, historia y asuntos de actualidad. Cuando se marchaban a sus habitaciones, jugaban y escribían. Su juego favorito consistía en escribir pasajes sobre mundos fantásticos que crearon. Branwell y Charlotte crearon el mundo de Angria, del que escribieron tantas crónicas que aún hoy se conservan cientos de cuadernos con historias de intriga, amor y misterio de dicho mundo. Por su parte, Emily y Anne hicieron lo mismo con el mundo de Gondal, que crearon entre las dos; desgraciadamente, de Gondal sólo se conservan algunos poemas épicos escritos por Emily.

Aunque Branwell se daría más tarde al opio y la bebida, Charlotte, Emily y Anne crecieron para convertirse en tres mujeres de mentalidad y personalidades únicas y fascinantes. Y estas tres mujeres se reunirían cada tarde tras haber trabajado, hecho las tareas domésticas y cuidado de su padre, para sentarse en la mesa de la cocina y escribir, leer sus párrafos nuevos y aconsejarse mutuamente. Y en la mesa de aquella cocina, tres mujeres que habían perdido mucho y que perderían mucho más, completaron tres novelas que hoy, doscientos años después, siguen siendo las más queridas por los lectores de todo el mundo: Jane Eyre, Cumbres Borrascosas y Agnes Grey.

Haré tres entradas por separado más adelante, para centrarme en ellas individualmente. Porque tuvieron una vida más novelesca que cualquier novela. Porque Charlotte, Emily y Anne no sólo son las autoras de sus novelas, también son las increíbles personas que había tras las escritoras. Mi misión es acercaros a ellas no sólo como autoras, sino también como seres humanos, con defectos y virtudes, y unas vidas, hay que admitirlo, de lo más interesantes.Y aunque se tardaría mucho en contarlo todo, las creadoras de unas obras maestras como esas merecen que al menos se cuente lo esencial.




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viernes 12 de febrero de 2010

Frases de apertura (Sí, el libro está intentando ligar contigo)




Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa.


Y es una verdad universalmente reconocida que esta frase es la campeona mundial de frases de apertura de todos los tiempos.

¿Por qué una clase de Close Reading dedicada a las frases de apertura? Pues hay dos razones por las que las frases de apertura son muy importantes: la práctica y la literaria. Empecemos por la razón práctica.

Es una cuestión de superviviencia. Cuando cogemos un libro miramos la portada, miramos la contraportada y... ¿luego qué? Pues abrimos el libro y leemos la primera frase. Si no nos gusta lo que hemos visto, lo dejamos en la estantería. Si nos gusta nos lo llevamos. Por eso la primera frase tiene que seducirnos, tirar de nosotros y despertar nuestra curiosidad. En resumen, el libro está ligando con nosotros. Probad con esto:

Esta es la historia más triste que jamás he oído.

Cuando abres un libro y esto es lo primero que lees, quieras o no te despierta ciertas pregunta. ¿Qué historia? ¿Por qué es tan triste? ¿Y por qué la cuentas tú? Maldito narrador en primera persona, seguro que la historia va sobre tí y estás intentando despistarme... Pero me ha llamado la atención y quiero saber más. Y eso es lo importante de la razón práctica. Estas son algunas frases de apertura que pueden ligarse a quienes quieran:


-Para renacer -cantó Gibreel Farishta cayendo de los cielos- antes hay que morir.


Nací dos veces; primero, como una niña, en un día notablemente cotidiano en Detroit, en enero del año 1960; y después otra vez, como un chico adolescente, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michingan, en agosto de 1974.


La familia Rubin, todo el mundo estaba de acuerdo, parecía condenada a la felicidad.


La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores.



Es decir, ¿Cómo no vas a querer leerlas? ¿Qué ese hombre cayendo del cielo? ¿Flores para qué? ¿Cómo es posible nacer dos veces? ¿Y qué pasó con la familia Rubin? Estas novelas son lo mejor y más eficaz en seducción instantánea. Y sólo por diversión, aquí hay algunos ejemplos de novelas que, en el plano de la seducción, no se comen, ni se comerán, una rosca:


Robert era nuevo en el tema de las cárceles y se sentía asustado y confuso, pero en el momento en que puso los ojos sobre #472825994, se convirtió en prisionero del amor.


Si hubiera sabido que Duncan era un psicópata que iba a seducirla y luego asesinarla brutalmente, no habría traído aquel destornillador.



Estas frases sólo incitan una pregunta: ¿Qué estaba fumando el que escribió esto? Pero dejemos a los autores de talento cuestionable a un lado y vayamos a la segunda razón por la que las frases de apertura son de vital importancia, la razón literaria: El comienzo de cualquier novela o relato son las instrucciones para leerla.

Cada novela necesita ser leída de una forma distinta para profundizar al máximo en la experiencia. Algunas novelas hay que leerlas de forma ligera y divertirse, otras requieren tranquilidad y reflexión; algunas necesitan una mirada crítica, otras una actitud relajada. Las posibilidades son infinitas. Pero la novela empieza y nos da las pistas necesarias para que adoptemos la actitud necesaria con los primeros párrafos, pero en especial con la primera frase. Rescatemos del principio del post la obra maestra de las frases de apertura:

Es una verdad universalmente reconocida que un hombre soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa.

¿Qué nos está diciendo esta frase? Para empezar nos está diciendo que el estilo es ligero, pero de frases bien construídas. El tono es irónico y el narrador nos está alejando de esa 'verdad' de la que habla para que la podamos ver desde lejos y sonreir, porque sabemos que esa es una verdad muy relativa (en concreto, lo que a las mujeres solteras les gustaría que fuera verdad). Por supuesto nos muestra con que clase de narrador estamos tratando, en este caso tercera persona y, si se me permite decirlo, una tercera persona que tiene ganas de reirse de sus personajes. Nadie que no tuviera estilo narrando podría escribir esa frase, pero las palabras son sencillas y fáciles de comprender para cualquiera. Y por supuesto nos está indicando el tema principal del libro.

Señoras y señores, Jane Austen nos acaba de decir en dieciocho palabras que su novela trata sobre la búsqueda de marido y de cómo muchas mujeres frivolizan ese tema centrándose sólo en las posibilidades económicas; que vamos a disfrutar de una lectura fluída y ligera, pero construída de manera cuidadosa y trabajada; que nos vamos a reír todos juntos de esas mujeres y esos hombres que tan poco saben los unos de los otros; que nos van a contar una historia para entretenernos y que nos podemos relajar y disfrutar del viaje.

En dieciocho palabras.

¿Alguna duda sobre cómo quiere esta novela ser leída? No sé vosotros, pero yo me la quedo.









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Terror (o Los vampiros de verdad no tienen nada que ver con las estacas)





Un viejales misterioso, inquietante, amoral y atractivo de una forma algo perturbadora busca y seduce jovencitas gracias a las cuales se siente más joven y más fuerte. Estás jovencitas se convierten al estilo de vida del viejales y buscan a más gente a la que seducir e iniciar en su estilo de vida.

Quizás esto os suene de algo y no me extraña. Es más o menos una sinopsis super reducida de Drácula de Bram Stoker. Esta cortísima introducción debería ser suficiente para que todos os hayais dado cuenta de que la intención principal de Bram Stoker no era asustar a sus lectores (lo que, por cierto, es una intención secundaria de lo más noble y ampliamente conseguida por el libro). Estamos hablando de un hombre maligno, podrido, maldito, que busca chicas jóvenes y virginales y las usa para su beneficio. En la época en la que el Drácula de Stoker se publicó, la pureza de las mujeres era absolutamente vital. Si no eran puras no se casaban, si no se casaban estaban más o menos condenadas a la caridad ajena, el robo o la prostitución. Imagináos lo que supone un hombre que se dedicase a seducir mujeres solteras y 'ensuciarlas'.

Sí, estamos hablando de sexo.

Pero no es ninguna sorpresa, porque en literatura casi siempre se está hablando de sexo excepto cuando hay una escena de sexo (pero a este tema volveremos en unas semanas). Lo que quiero decir es que los vampiros no son un recurso literario para asustar a los lectores sin más. Pensad lo que el vampirismo representa: egoísmo, explotación, manipular a través de la seducción, completa falta de respeto por la vida ajena, dañar a los demás en beneficio propio. Y eso sólo para empezar. Y es precisamente eso lo que nos tiene que asustar y lo que debemos relacionar con lo maligno, lo oscuro, lo terrorífico. Los victorianos no podían hablar abiertamente de sexo, violencia y cosas demasiado explícitas, así que buscaban formas de decir las cosas sin decirlas y al darle tonos sobrenaturales lo hacían más apetecible a la vista, pero eran básicamente cuentos con moraleja. Lo mismo podemos decir de otros grandes clásicos: Carmilla, la vampira de Le Fanu (ten cuidado con las mujeres de mala reputación y no dejes que se acerquen a tu familia); El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, el hombre con el lado oscuro de Stevenson (incluso el hombre más respetable tiene un monstruo en su interior); Cuento de Navidad, con los fantasmas de Dickens (si no eres una buena persona los remordimientos te perseguirán y destruirán). La lista puede seguir y contiene toda clase de criaturas aplicadas al género de terror.

En resumen, podemos decir que las buenas historias de fantasmas y vampiros nunca tratan realmente de fantasmas y vampiros.

¿Ya está, esa es la lección de hoy? No, esa es sólo la mitad de la lección de hoy. La segunda mitad es un poco más confusa, pero en cuanto os ponga un ejemplo, todos sabréis lo que quiero decir. La segunda mitad de la lección de hoy es que las mejores historias de vampiros y fantasmas nunca parecen de vampiros y fantasmas. Me explico.

Hablemos de un hombre llamado Henry James. Si Jane Austen está en el proceso de cambio literario entre el romanticismo y el victorianismo (nadie sabe muy bien si ponerla en el siglo XVIII o en el XIX), Henry James está entre el victorianismo y el modernismo (el mismo problema, pero entre el siglo XIX y el XX). Era un gran escritor de novelas y relatos, y no he conseguido odiarlo pese a sus frases kilométricas y sus personificaciones bizarras. Todos deberíais leer si no lo habéis hecho ya una novela corta de James llamada Otra vuelta de tuerca, muy apropiada para el tema de hoy, con fantasmas de dudosa existencia, niños en riesgo de ser poseídos, mucho sexo sin hablar de sexo, una niñera al borde de la locura y todas esas cosas agradables. Pero no vamos a hablar de esa novela, vamos a hablar de Daisy Miller, otra novela corta, pero esta sin ningún elemento sobrenatural. Si me permitís, os voy a hacer un spoiler gigante necesario para la explicación. La trama de Daisy Miller es, de forma bastante resumida, la siguiente:
Daisy Miller es una jovencísima chica norteamericana en Europa. La muchacha es inocente y dice todo lo que se le pasa por la cabeza, tiene una falta total de tacto y está llena de frescura juvenil. Es perfectamente adorable y lo que más desea es la aprobación de la sociedad.
Winterbourne, el hombre en el que se fija, aunque se siente atraído por ella al final resulta demasiado temeroso de la opinión social sobre Daisy, que carece totalmente de habilidades sociales y etiqueta y opta por ignorarla después de darle esperanzas iniciales. La necesidad de criticar a alguien es tan grande, que realmente nadie hace nada por corregir el comportamiento de Daisy. Tras numerosas desventuras, Daisy muere, teóricamente al contraer fiebre romana (hoy en día llamada malaria, para que nos entendamos).
Pero en realidad no la mató la fiebre romana. La mataron los vampiros.

Y ahora estaréis diciendo: ¡Un momento! ¿Qué vampiros? No había vampiros en esa sinopsis y además has dicho que esa novela no tenía nada sobrenatural.
La explicación es sencilla. Volveré a contaros la sinopsis: Un viejales inquietante seduce a una jovencita. Cuando ella se enamora, él la ignora y todos los que la rodean la dejan de lado haciendo que toda su vitalidad y su vida se consuman.
¿Suena familiar? Otra pista de que Daisy fue creada para ser consumida: En inglés, daisy es un tipo de flor y winterbourne suena como 'nacido del invierno' (winter born). ¿Qué les pasa a las flores cuando se encuentran con el invierno? Exacto. Se consumen y mueren.
No es una historia sobre vampiros, pero es una de las mejores historias de vampirismo que he leído jamás, incluyendo la mayoría de historias que trataban de vampiros de forma abierta.
El vampiro, el fantasma, el monstruo y todos los de la tropa, existen como meros recursos baratos para dar algún que otro susto, por supuesto. Pero esas historias duran poco en nuestra mente. En las historias que se quedan con nosotros, un vampiro nunca es sólo un vampiro y un fantasma nunca es sólo un fantasma. Y muchas veces hay vampiros, monstruos y fantasmas que están ahí, pero no los vemos a simple vista. A partir de ahora manteneos alerta, no son tan difíciles de reconocer: Negar el derecho de alguien a vivir para satisfacer un ansia, poner los caprichos propios por encima de las necesidades ajenas, dañar a alguien porque el destino propio importa más que el de los demás, consumir a los débiles. No necesita tener dientes largos y una capa. Si coincide con estás características, no te separes de tu estaca.

Leed mucho y mirad más allá de las palabras. La próxima clase de CR:

Frases de apertura (Sí, el libro está intentando ligar contigo)




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Narradores (Todo el mundo miente hasta que se demuestre lo contrario)


El número de libros buenos que se han escrito basados en una genial idea y nada más se pueden contar con los dedos de una culebra. No basta con una historia, también hay que sopesar con cuidado muchos otros factores. Uno de estos factores clave es la elección del narrador. Según la clase de narrador que encontremos, tendremos que adoptar una u otra postura ante la historia. Una historia puede darnos diferetes sensaciones contada por diferentes personas, así que hoy vamos a hablar de narradores.

Pero antes de nada hagamos una regresión a la infancia. Vamos a clase de lengua de primaria: A ver, niños, ¿qué tipo de narradores existen? Narradores en tercera persona y narradores en primera persona. (También está el narrador en segunda persona, pero digamos que los libros con narrador en segunda persona que váis a encontrar sin buscarlos a conciencia también se pueden contar con los dedos de una culebra).

Empecemos con los narradores en tercera persona. Omniscientes o limitados, estos narradores suelen ser buena gente. Son una voz y nada más, ajenos a la acción de la historia. Se limitan a contarte los hechos. Los narradores en tercera persona son muy útiles para contar historias enmarañadas o que ocurren en varios lugares o épocas diferentes, porque aúnan la trama, saben todo lo que ocurre, dentro y fuera de los personajes, y son objetivos (o al menos deberían serlo, lo que no asegura que siempre lo sean, véase el Síndrome del Escritor Tocanarices). No deben preocuparnos mucho, estos buenos narradores, porque suelen ponernos las cosas fáciles.

Pero siempre hay un pero. Después de los narradores en tercera persona están los narradores en primera persona. El protagonista nos cuenta la historia él mismo (como por ejemplo en Grandes esperanzas, de Charles Dickens), o bien es un compañero o personaje del entorno del protagonista el que nos cuenta los hechos (como el doctor Watson en los libros de Sherlock Holmes). Y aquí es donde empieza el problema: Todos sabemos que las novelas son ficción. Sabemos que lo que leemos no es verdad. Pero aún así, dentro de la novela, en la historia que estamos leyendo, hay cosas que son verdad y cosas que son mentira. En resumen, que las novelas nos cuentan historias que no son verdad, pero en esas historias existe el concepto de verdad y de mentira. Ahora hagamos una pausa para que quien lo desee pueda ir a por una aspirina y un vasito de agua.

Y dicho esto, vayamos con la lección del día:

JAMÁS CONFIÉIS EN UN NARRADOR EN PRIMERA PERSONA.

Los narradores en primera persona mienten. Mienten más que los políticos y más que los abogados malos de las películas americanas. Y esto es verdad en un 99% de los casos. A veces los planetas se alinean y aparece un narrador en primera completamente honesto, como por ejemplo, una razón más para quererla, Jane Eyre, protagonista de la novela homónima. El resto de los casos están vendidos. No estoy diciendo que todos los narradores en primera persona sean unos mentirosos rematados. A veces puede ser que no sepan la mitad de las cosas que suceden a su alrededor. O que estén desinformados. O que sean demasiado inocentes. Hay mil razones. Pero lo que nos importa es que él o ella no es de fiar si queremos enterarnos de la historia.

Un buen ejemplo son los narradores niños. Cuando se es niño, el mundo se ve de un modo diferente y si estás planeando escribir una novela con un narrador infantil, tu trabajo es que realmente parezca que lo está contando un niño. Los niños no comprenden muchas cosas, porque son inocentes. Así que si un niño os va a contar una historia de adultos, podéis esperar que haya muchas cosas distorsionadas en su versión. ¿Es el niño un mentiroso? No, pero como narrador no es de fiar, lo cual nos dificulta el trabajo a los que leemos usando CR.
Muy bien, esto pasa con los niños. ¿Pero y los adultos? Pues hay más razones que ollas en el mundo, señoras y señores. Por ejemplo, que el protagonista no pille lo que está pasando a su alrededor. O puede que el narrador esconda algo que no quiere que sepamos. Tal vez, no es raro encontrar esta forma en las novelas de detectives, hay varias personas contando su versión de un mismo hecho. O tal vez la historia la está contando una persona muy, muy mala que sólo nos cuenta lo que quiere. (¿Alguien ha pensado ya en Humbert Humbert, el narrador de Lolita, de Nabokov?)

Múltiples casos y múltiples historias, pero todos tienen algo en común: Que no nos podemos fiar de ellos. Entonces, ¿por qué usar un narrador en primera persona? Pues sencillamente para asegurarte de que el lector piensa por sí mismo y enriquecer a la vez el texto. He aquí un ejemplo: El día que empecé a leer Cumbres Borrascosas yo estaba muy, muy confundida. Oh, Emily Brontë, pensé yo, con estas reglas yo no juego. El narrador de esta obra maestra de los narradores poco fiables es un tal señor Lockwood. Desde el primer momento de la novela, para la gente un poco avispada, queda más que claro que el señor Lockwood tendría dificultades para encontrarse su propia nariz. Al instante decide que su casero es un hombre espiritual y callado, cuando todos vemos que en realidad es un hijo de mala madre y encima maleducado. Y cuando todavía no nos hemos recuperado de la impresión de que nos vaya a contar una historia no lineal y llena de flashbacks un mentecato como este, nos enteramos de que él no conoce la historia de primera mano. La historia se la cuenta Nelly Dean, un ama de llaves que cotillea demasiado, que es totalmente subjetiva y que encima tiene la peculiaridad de saltarse todos los detalles, que son muchos, que ponen su 'buena voluntad' en entredicho.
Así pues, poneos cómodos, porque una mentirosa fisgona le ha contado una historia a un mendrugo ignorante y ahora él nos la va a contar a nosotros. Abróchense los cinturones, porque el viaje promete baches.

Para que luego digan que leer no es un deporte de riesgo.

Así que recordad, la próxima vez que encontréis un narrador en primera persona, leedle sus derechos porque es culpable hasta que se demuestre lo contrario. La próxima lección de Close Reading muy pronto:

Terror (o Los vampiros de verdad no tienen nada que ver con las estacas)



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lunes 18 de enero de 2010

Close Reading: Normas básicas (o Nunca hagas una autopsia con un cuchillo de trinchar).


El año que empecé la carrera descubrí muchas cosas: unas eran buenas y otras no tan buenas. Entre las buenas estaba que aquello del close reading que nos estaban intentando enseñar se me daba bastante bien (para mi gran alivio, porque había cogido todas las optativas de la rama de Literatura); entre las no tan buenas, estaba que el close reading no se aprendía estudiando. Y eso no es bueno cuando te van a poner un examen en febrero. Yo no estaba muy preocupada, pero la mayoría de mis amigos de clase, que preferían la rama de Lingüistica y Gramática, no tenían muy claro cómo se suponía que iban a aprender a hacer un close reading. Yo les dije que intentaría buscar una forma de explicarlo para que no resultara tan abstracto, pero es que el CR es algo muy abstracto. Entonces llegó una profesora que me inspiró con una de esas frases que pasan a los anales de la historia de las frases grandiosas. Ella dijo así:

'Esto es como en CSI. Todo puede ser una pista.'

Y aunque en aquel momento todos nos partimos de risa, llevaba más razón que una santa. Y así me surgió la idea de la autopsia, que aunque no es la más agradable, sin duda es una de las que mejor se recuerdan.

A hacer autopsias no se aprende en un día. Hay que ir paso a paso y no saltarse ningún detalle. Hay que estudiar muchos años de medicina (que en este caso pueden suplirse por llevar muchos años leyendo). Tampoco está mal tener un poco de experiencia. Sin duda hay que tocar y conocer muchos temas, y tener muchos factores en cuenta, para hacer una buena autopsia. A veces son fáciles y evidentes, a veces son difíciles; a veces parecen obvias pero no lo son tanto.

Pero si hay algo que todos tenemos claro es que antes de permitir que alguien haga una autopsia hay que darle unas normas generales básicas, como por ejemplo, no usar un cuchillo de trinchar pavo asado para abrir un cadáver o no intentar autopsias en cuerpos vivos, etc. Y eso es lo que vamos a aprender hoy. Tres normas básicas que debéis tener siempre en cuenta y aplicar con esmero.



   El síndrome del escritor tocanarices

También la llamo la norma del siempre y el nunca. Y es que si hay algo que tiene la literatura es que nada es blanco o negro. Las palabras Siempre y Nunca no existen. De hecho, basta con que alguien diga en una voz medio fuerte que 'Esto Nunca se ha visto en literatura...' o 'Esto Siempre es necesario en una novela...', para que venga un escritor tocanarices (que suelen serlo todos en más o menos grado) y te joda la frase. De ansias de experimentación y ganas de desafiar los límites naturales de la literatura han nacido proezas tales como Gadsby, una novela que no contiene la letra e (que es mucho más complicado de lo que suena); Le train de nulle part que está enteramente escrito sin verbos; Gates to Paradise, que es una novela que está escrita con una sóla frase larguísima; o el último capítulo del Ulises de James Joyce, que está escrito sin ningún signo de puntuación.

Moraleja: No penséis que algo no es posible en literatura, o que algo en ella es obligatorio, porque el límite está en la imaginación y el talento de quien escribe. Y hay gente por ahí suelta con mucho talento. Y de imaginación ya ni hablamos.



                                         No leas con los ojos


¡Y yo llevo toda la vida haciéndolo así! ¿Es que hay más partes del cuerpo con las que se puede leer? Bueno, quizás os lo expliquéis mejor si lo digo así: No leáis con vuestros ojos. ¿Todavía peor? Bueno, me explico. Todos habréis oído hablar de la señorita Jane Austen. Esta buena señora tiene hoy en día una fama de escritora de novelas azucaradas y ñoñas que, sinceramente, no se merece. Y esta fama se le achaca a la señorita Austen porque la gente siempre se empeña en leer con sus propios ojos. Sin embargo, las novelas de Austen se escribieron hace alrededor de 200 años. Nosotros, con nuestros ojos del siglo XXI, estamos viendo en Orgullo y prejuicio a una mujer que dos veces rechaza una proposición de matrimonio. Y nos puede dar más o menos igual. Pero si lo viéramos con ojos de principio del siglo XIX, que es donde la historia ocurre, nos damos cuenta de que esta mujer valora tanto su persona, su dignidad y su felicidad que se niega a casarse con un hombre que le desagrada, aunque eso, para una mujer de la época, significaba en un 95% de los casos que esa mujer iba a pasar su vida soltera, desprovista de dinero, de hogar y que probablemente tendría que vivir de la caridad de sus hermanas casadas o algo peor. Quizás ahora los personajes de la señorita Austen no suenan tanto a niñas engreídas que sólo buscan el dinero de los hombres, sino un poco más como heroínas de su tiempo, que es al fin y al cabo lo que son.

Moraleja: Cada libro es de su tiempo, de su lugar y de su autor. Y por tanto a cada libro nos tenemos que acercar de manera diferente. No es necesario hacer una investigación exhaustiva de la época ni aprenderse una biografía de cabo a rabo. Pero igual que con las personas, antes de juzgar un libro tenemos que saber algo de sus circunstancias.




    No hay reglas

Esta es la más difícil de todas las reglas de la literatura. La única regla segura es que no hay reglas. La literatura es el deporte más sucio que vais a conocer en vuestra vida y cuando un escritor se pone frente a una hoja en blanco, todo y absolutamente todo es válido. Nunca podemos saber con certeza si hemos acertado en nuestras suposiciones, pero es que no se trata de acertar. No podemos saber lo que el escritor pensaba cuando escribía; no podemos saber lo que quería decirnos exactamente; muchas veces ni siquiera podemos encontrarle sentido a lo que leemos. Pero eso es lo de menos. Lo que cuenta es tener las herramientas, leer con atención y decir: 'Esto es lo que me hace sentir y esto es lo que creo que quiere decir'. Pero volvemos a las autopsias. No puedes tener un cadáver en la mesa con un disparo en la frente y decir que ha muerto ahogado. Lo importante es observar y conocer las herramientas.

Moraleja: Una interpretación es algo personal. Una de las cosas que hacen a la literatura grande es que es personal y subjetiva, y que se enriquece de gente que propone nuesvas ideas para textos antiguos. Un texto puede ser interpretado de cien maneras distintas y todas pueden ser posibles. Pero hacen falta pruebas. Sin pruebas sólidas o evidencias, o por decirlo de otro modo, sin razonamientos lógicos, una teoría no es válida.



Y esto es todo por hoy, amigos. Pensad en los libros que habéis leído y que han sido escritos en otra época si tenéis un rato. Elegid uno e intentad recordar la trama. Es posible que si intentáis verlo con los ojos de su tiempo y no del vuestro, descubráis mucho más en el libro de lo que hasta ahora le habíais visto. En la siguiente entradas empezamos a diseccionar a la víctima:

     Narradores (o Todo el mundo miente hasta que se demuestre lo contrario).








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sábado 16 de enero de 2010

Close Reading: Introducción



Mi nombre, edad y otros detalles son irrelevantes; lo que importa es que soy estudiante de Literatura Inglesa, y que a las personas que decidimos estudiar Literatura Inglesa, se nos intenta inculcar una habilidad un tanto especial que los ingleses llaman Close Reading y que yo, para no inventar alguna traducción horrenda del término, que es muy inglés, lo llamaré CR.

¿Qué es el CR?

El CR es el arte de leer. Sí, ya sé que sabéis leer. Pero lo que sabéis leer es lo que hay escrito en la página. ¿Es que hay algo más? Mucho, muchísimo más. Al menos si el libro es bueno. Es la habilidad más importante que se necesita para cualquier clase de estudio literario. Es algo muy sutil y muy complejo. Se trata de leer y ser sensible a los cambios de vocabulario, de tono, percibir el simbolismo, lo que hay escrito entre líneas y lo que el autor quería decir cuando escribía esas palabras. Es una forma de diálogo entre el autor original y el lector, un idioma casi aparte del resto. Es, en definitiva, lo que hace mágica la literatura. Sé que es algo difícil de explicar, y sobre todo en una entrada de blog. Os pondré un ejemplo. Este es un fragmento de la maravillosa novela de D.H.Lawrence, 'Sons and Lovers':

Arrancando una clavelina del jardín, entró repentinamente en la casa.
-Ven aquí, hijo -dijo su madre-. Ya va siendo hora de que te vayas a la cama.
Él se quedó de pie, con la clavelina apoyada en los labios.
-Voy a romper con Miriam, madre -respondió con calma.
Ella lo miró por encima de sus lentes. Él le devolvió la mirada, lleno de decisión. Ella le miró a los ojos un momento; entonces se quitó los anteojos. Estaba pálido. El hombre que había en el muchacho estaba más que nunca de relieve, dominante. Ella no quería verlo con demasiada claridad.
-Creí que... -empezó ella.
-Bueno, -dijo él a modo de respuesta- no la amo. No quiero casarme con ella... Así que zanjaré el asunto.
-Pero, -exclamó su madre, incrédula- pensé que te habías decidido a estar con ella, así que no te dije nada.
-Lo hice... quería... pero ahora no quiero. No está bien. Romperé con ella el domingo. Es lo que debe hacerse, ¿no?
-Así es. Sabes que ya te lo dije hace mucho tiempo.
-Bueno, eso ya no puede solucionarse. Romperé con ella el domingo.
-Bien -dijo su madre-, creo que será lo mejor. Me había hecho a la idea de que estabas decidido con ella, así que no dije nada, y no debía decir nada. Pero digo ahora, como siempre he dicho, que no creo que ella sea buena para ti.
-El domingo rompo -dijo él, oliendo la clavelina. Se puso la flor en la boca. Sin pensar, desnudó los dientes, los cerró alrededor de la flor y arrancó un mordisco de pétalos. Los escupió en el fuego, besó a su madre y se fue a la cama.


Si alguien os preguntara de qué va este texto, ¿Qué le diríais? Pensadlo bien. Os diré lo que alguien con un buen nivel de CR puede ver en ese texto: El chico es inseguro y algo agresivo. Tiene problemas con las mujeres y está sexualmente frustrado. Quiere a Miriam pero la deja porque sabe que su madre no la aprueba. Su madre es manipuladora y dominante. Entre madre e hijo hay una tensión sentimental más propia de amantes que de madre e hijo. Por eso él deja a Miriam; por eso ella teme verlo como un hombre. Pero por eso no soporta verlo con otra mujer; y por eso él está frustrado. Todo esto y mucho más.

¿Cómo aprendo a leer así?

El CR es algo que se aprende más que nada con práctica, pero algunas instrucciones nunca vienen mal. La buena noticia es que todo el mundo puede aprender CR si le gusta leer, aunque como en todo, habrá gente que esté naturalmente dotada para ello y otros que no tanto (pero como dice el refrán, el trabajo duro supera al genio).

Cada semana intentaré dejar un post con algo útil para aprender el arte de leer. De vez en cuando buscaré algún texto para que podáis practicar también. Así que manos a la obra.




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